martes, 18 de mayo de 2010

QUIEN TEME A LA CANINA?


El Sábado Santo, cuando los sevillanos y foráneos esperan para ver la Cofradía del Santo Entierro por las calles, siempre les sobrecoge un halo de misterio cuando ven aparecer el primero de los pasos. Un misterio que va desde el verdadero miedo que padecen algunos chiquillos, pasando por el respeto de otros y hasta por cierta "mofa" de algunos. Pero para todos y cada uno de ellos jamás pasa indiferente.
¿Donde reside ese temor, esas sensaciones? Quizá entendiendo qué representa podamos encontrar qué nos provoca. Uno de los lemas de la Hermandad es "Mors Mortem Superavit", la Muerte vencida por la Muerte.
Una eterna paradoja, pues si es a la Muerte lo que todos temen, la Muerte aparece sentada, derrotada por la Cruz, pensativa, dilucidando cómo ha perdido una batalla que tenía casi ganada, cómo ha conseguido perder todo el poder que ha ido acumulando durante tanto tiempo, de cómo la muerte de un Hombre, Jesús, que por Amor a sus hermanos, le ha trastocado su plan de caos y guerras entre los hombres.
Ésta es la imagen que cada uno de nosotros vemos, pero cada día que pasa, con sus avatares, con los actos que cometemos, vamos observando desde nuestro interior, cómo se va incorporando poco a poco esa figura sedente y vuelve a amenazarnos con su temible guadaña, cómo nuestro comportamiento le va dando fuerzas a ese Ser para volver con su ejército de enfermedades y guerras, y ésa, esa visión, es lo que nosotros tememos. Temor que se ve reflejado cada Sábado Santo, cuando La miramos fijamente y tenemos la sensación que nos está señalando como su siguiente víctima. Temor, porque somos conscientes que nuestras acciones son las que le dan energía para poder levantar otra vez su guadaña.
Sólo las personas que mueren por amor, aquellas que están siempre al lado de los seres queridos, aquellas que ayudan a los más débiles y necesitados, aquellas que siempre están cuando las necesitas, son las únicas capaces de mirarla de frente y seguir viéndola sentada, pasando cadenciosamente por su lado y al alejarse, piden a Dios que les de Salud, Amor y Felicidad para poder contemplarla el próximo año. Benditos ellos porque no temen a "la canina" y démosle gracias porque son los que al fin y al cabo mantienen a la muerte sentada pacientemente sobre el mundo aguardando su momento. Sí sentada, pero vencida.
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